Personal Post

Viajar sin enfermarse no es viajar; o al menos cada célula de mi cuerpo lo interpreta así. Pensar un destino, comprar un boleto, planear el viaje; la vida desde el vidrio del computador se vuelve ventana de un cuarto de hotel. Dos vistas similarmente contemplativas.

Cuando uno enferma pasa las vacaciones viendo a los compañeros alejarse recomendando “No-Salir” “Tomar cosas calientes” bajo la improbable situación de “Mejorar para pasado mañana”.

Pero las células se toman su propio tiempo y las emociones también y para cuando los amigos ya han conocido, han regresado y se convierten en otros a uno le toca entonces cambiar de ciudad, de cuarto y de ventana. Y ellos cambian de actitud, de certeza y de animosidad. Se hartan.

A mí me pasó eso las vacaciones pasadas, las antepasadas y éstas.

***

Tengo una amiga a la que le va peor.

Ella, que es feliz pero se enferma, que es y está sana pero se enferma, advirtió a su novio desde el inicio: “Debes cuidarme”. Varios se habrían ido. Pero él se quedó y están juntos desde hace poco más de diez años y las enfermedades de ella si bien no son graves, no paran: gripas que se vuelven infecciones, dolores de espalda que de pronto se convierten en intolerancia al gluten, intolerancia al gluten que se vuelve un estilo de vida. Su última y única pelea que casi los separa fue en un viaje al extranjero por no poder compartir restaurante y aún así, su fecha de boda es en agosto.

***

La primera vez que me enfermé con alguien fue siempre. Pasados los años me convencí de que así era la vida y hasta hace poco logré enfermar solamente cada tres o hasta siete meses logrado también disimular su seriedad esforzándome por pasar desapercibida, aminorando el malestar, anulándome.

“Es una gripa pero me siento bien”

Si antes la enfermedad venía en forma de censura a la expresión, a las palabras no dichas o al regaño sin lograr responder, ahora pareciera manifestarse en momentos donde debería despreocuparme. Y la garganta se lacera/duele tragar, se inflama/cuesta respirar, y uno cae en cama/trato de evitar la cama.

Dicen que en los viajes aflora la verdadera personalidad. Antes de tomar el vuelo visité al médico: me dio pastillas, antibióticos y un inhalador; yo compré jeringas, busqué en el cajón el líquido para destapar la nariz y acepté un Vaporub.

Después diez horas de vuelo la garganta pasó a segundo plano, los oídos por primera vez desde mi infancia se hicieron presentes en dos aterrizajes dolorosísimos y un inaudible traslado en tren.

***

La gripa ya pasó.

No escucho del oído derecho.

Vamos mejorando.

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